Curso Citep

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jueves, 19 de junio de 2014

Comentario sobre la rúbrica

Ya armé mi propia rúbrica. Ahora, a comentar la que armaron los tutores…
A primera vista, la rúbrica establece ocho categorías de evaluación: Conceptos sobre evaluación; Conceptos sobre la aplicación de TIC en procesos de evaluación educativa; Reflexión acerca del aprendizaje realizado; Colaboración con pares; Uso de las herramientas TIC; Construcción del portfolio: Navegación; Construcción del portfolio: Organización, Secuencia; Construcción del portfolio: Comunicación. Por cierto, la evaluación establece una ponderación que va desde “Básico” a “Excelente”.

Dudo mucho que mi nivel pueda ubicarse en esta última categoría. Reconozco que me faltó tiempo para profundizar la relación con mis pares (había comenzado tan bien…) y para problematizar más detalladamente algunos conceptos trabajados. Tal vez me “pueda sacar” un MB en la navegabilidad de los enlaces o en la construcción del formulario (algo que me en-can-tó).

Ahora, a seguir trabajando. A construir un Portfolio, para permitir la autoevaluación y la retroalimentación o feedback por parte de mi tutor. Como ya he dicho en posts anteriores, la práctica docente necesita de un monitoreo constante, de una evolución permanente, de la actualización, evidentemente. Para ello, evaluamos y somos evaluados, somos docentes y estudiantes, evitamos el estancamiento.

La reflexión no cesa, jamás. Por eso el esfuerzo metacognitivo de la autoevaluación es necesario.

Autoevaluación

Vamos terminando este módulo. Me costó bastante: virus de por medio, me atrasé y mi angustia existencial tuvo que encontrar su cauce... haciendo.
La consigna me pide que, a modo de semáforo, escriba mis impresiones utilizando la metáfora del semáforo. Ahí voy, pues…
Luces rojas: Me obstaculizó mi propio miedo. Miedo a armar un formulario, miedo a armar una rúbrica, miedo a hacer y que no quedara la huella, miedo a no cumplir, miedo a decepcionar a colegas y tutor. Ser docente implica mucha exposición, actuar como modelo de… y saberse que uno no es tan original como pensaba.
Además, repensar la práctica conlleva algo muy complicado: la crítica. La crítica constructiva, por supuesto. Para ello el texto de Camilloni fue fundamental: es necesario no caer en “la arbitrariedad de las estimaciones” y poseer “la capacidad de percibir adecuadamente a la otra persona y tener además la capacidad de tomar decisiones acordes con lo percibido”.
Luces amarillas: Mi escepticismo se vincula al clásico problema que conlleva una automatización como la que proponen las rúbricas (algo que no me pasó con los formularios): no veo espacio para la evaluación de la creatividad, de la respuesta que el docente no espera, etc.
Luces verdes: Algo deseable es, obviamente, la satisfacción de lo que he ido logrando. Sin miedo a caer en la propaganda, los cursos que proponen Néstor Bacher, Jorge Apel y Silvia Andreoli, entre otros, son siempre creativos, útiles, renovadores. Aprendo con ellos (y con mis colegas, por supuesto,) conceptos aplicables, experimentables, interesantes siempre.
De aquí en más, me queda continuar repensando mis prácticas a la hora de evaluar: difícil no caer en la subjetividad cuando uno se maneja en un campo como el de Lengua y Literatura. Sin embargo, el desafío nos llama. Nos motiva. Y nos propone mejorar. Qué mejor que comenzar a recorrer el camino.


DE CÓMO CONSTRUIR UNA RÚBRICA (suena impresionante, ¿no?)

Lo primero es lo primero: me creé una cuenta en Rubistar. Me encantó lo de poner un código postal que, como no vivo en Estados Unidos, es 99999. No sé, de tanto leer Cortázar uno se imagina que puede entrar en otra dimensión, y ese código ayuda un poco a pensar semejante cosa.
La cuestión es que la creé. Puse mis datos, mi contraseña… ¿Y por qué no me manda un mail de confirmación? Bueno, yo les creo, avanzo y que sea lo que Dios quiera...
La otra cuestión es que la palabra “rúbrica” me asustaba un poco. Un poco bastante. Mucho, para ser honesta.
Pero es muy fácil el proceso. Tan fácil, que no sé si lo hice bien. Por lo pronto, se las dejo aquí para que la vean. Su nombre es “Presentación oral: Revolución de Mayo: Antecedentes y Consecuencias” (http://rubistar.4teachers.org/index.php?&screen=ShowRubric&rubric_id=2448416&) (El número, me lo macheteo acá, es 2448416).
Por suerte no apreté el botón de “descargar o imprimir” porque así “hubiera desaparecido de la base de datos”. No sé, suena importante también…

Y ya está. Muy claro, muy bien pensado el dispositivo. Muy organizador, ideal para mentes anárquicas como la mía. Gracias, Rubistar.

Por cierto, a la hora de comparar rúbricas (tuve en cuenta a mis musas, Patricia Liceda y Ana María Reverdito), noté que en general nos basamos en las mismas categorías: contenido, comprensión, seguimiento del tema, escucha otras presentaciones, etc. Es decir, nos preocupamos porque el estudiante entienda y manifieste su comprensión del tema, que sea capaz de adecuarlo a un auditorio y de instaurar un debate.

Ahora bien, Ana María no tuvo en cuenta el límite de tiempo, mientras que Patricia y yo, sí. Y Ana María comenzó con Habla claramente; Patricia y yo, con contenido. No sé, tal vez Patricia es mi hermana de otra vida…

Criterios de evaluación

Creyeron que había desistido, ¿no? Bueno, yo sí. Pero no: retroceder nunca, rendirse jamás. Acá estoy, sigo viva, a pesar de los virus, de las gripes, de los resfríos y del frío… brrrr
Pensaré ahora en mis prácticas evaluativas. Como persona (porque además de docente de lengua y literatura e investigadora, soy una persona… todavía) metódica, tengo en cuenta algunas cuestiones:
·      Corrijo los trabajos teniendo en cuenta criterios como coherencia (relación temática entre los temas que se van exponiendo), cohesión (concordancia, falta de repeticiones en los textos, uso de conectores, tiempos verbales), normativa gráfica (puntuación, ortografía) y, sobre todo, respeto por la consigna. Busco que, por ejemplo, al preguntar qué simboliza un personaje en una novela, no me cuenten la biografía del autor “para llenar”. O que si mi consigna refiere a si x cuento pertenece a x género, la respuesta no sea simplemente “sí”.
·       Intento no ser injusta. Normalmente me sale. ¿Cómo? Me armo una pequeña “guía” de lo que debieran contener, según mi criterio, las respuestas a mis interrogantes. De esa forma, evito el clásico “¿Y por qué si puse lo mismo tengo menos nota?”
·      Sin embargo, no creo que haya UNA respuesta correcta. Por suerte, cada año surgen más y más ideas; sobre todo cuando trabajo con autores enriquecedores como Cortázar, Bradbury, Huxley…
·        Finalmente, evalúo el esfuerzo, más allá del examen en sí. Me gusta premiar a los estudiantes que apuestan por la materia, a pesar de no ser brillantes. Trato de que nadie piense de sí mismo que “no le da para Lengua”. Cuento con registros individuales en los que marco participación en clase, cumplimiento de tareas, responsabilidad, cooperación (temas más bien relacionado con ejes actitudinales), originalidad, etc. No soy enemiga del 10, y disfruto con esa bella nota. Como también la disfruto como estudiante… 

Más allá de todo esto, pienso que tengo mucho por mejorar. La docencia nos brinda la posibilidad de que todos aprendamos y sigamos aprendiendo (y aprehendiendo) a cada momento.





domingo, 8 de junio de 2014

Síntesis evaluativa: de cómo abrir un formulario, entenderlo y no morir en el intento

Esta semana me vi con un desafío importante: aprender a hacer un formulario en Google Docs. Previamente había armado una presentación y un documento, así que pensé que no iba a ser tan difícil… Estaba bastante equivocada.

Fue sumamente complicado armarlo. No solamente porque tuve que “desenterrar” parte del vocabulario técnico que había aprendido en algunas clases de inglés sino porque me veía con herramientas que no reconocía: armar una actividad de diseño (elegí colocar una imagen) y preparar otras con respuestas que iban del texto breve a uno más extenso (paragraph text), multiple choices, checkboxes y choose from a list. Sin embargo, nada se compara al momento en que armé el grid o cuadrícula. No entré en pánico porque, debo reconocerlo, desde que estoy participando en los cursos de Citep (suena a propaganda… y sí, algo así es) les estoy perdiendo el terror a, justamente, las nuevas herramientas tecnológicas.

Me siento más desenvuelta, más temeraria. De hecho, con la bendita cuadrícula, reconozco, antes no hubiera podido trabajar. Ahora probé (instauré) el sistema de ensayo y error: escribo, pruebo, hago vista previa, edito, vuelvo a probar, vuelvo a escribir. Y así fue saliendo una evaluación completa y variada. Un poco larga (perdón, queridas alumnas virtuales): es mi primera evaluación, al fin y al cabo. Gracias a Aldana Trabucchi, Patricia Liceda y María Yrbas por resolverla y por servirme de modelo. Están “aprobadas, aprobadísimas. Gracias, otra vez.

Y bueno, todo muy lindo pero no termina ahí. Después me metí con el resumen de respuestas. No entendía ni cómo podía llegar a él. Como siempre, me sirvió el sistema de ensayo y error. Una vez más. Y me encontré con un resumen maravilloso, con cuadros comparativos, gráficos de torta, gráficos de línea… Me sentía que había entrado en otro mundo. 


Y por supuesto que entré en otro mundo. Un mundo más libre, donde todo es posible, tal vez porque es virtual. Donde todos estamos invitados a entrar. Donde los miedos no cuentan. Donde todos somos iguales.

Por supuesto que hay que seguir trabajando, sobre todo para que el último enunciado sea posible. Está en nosotros, los docentes, trabajar para que ese universo deje su virtualidad y se continúe en la realidad.

Como docentes, tenemos la responsabilidad de continuar aprendiendo y aprehendiendo, de motivar el pensamiento crítico, de instaurar prácticas reflexivas en nuestros estudiantes, y en nosotros mismos. De pelear, finalmente. De luchar por ese mundo mejor. Hagámoslo.

domingo, 1 de junio de 2014

Sobre mis prácticas de evaluación

En esta entrada intentaré describir mis estrategias de evaluación desde un plano metacognitivo. A reflexionar se ha dicho. 
Entiendo que mi tipo de evaluación refiere esencialmente a actividades de comprensión: como Perkins y Blythe, entiendo “que la comprensión es poder realizar una gama de actividades que requieren pensamiento respecto a un tema; por ejemplo, explicarlo, encontrar evidencia y ejemplos, generalizarlo, aplicarlo, presentar analogías y representarlo de una manera nueva.”
Con esto, comprendo que la riqueza de mi práctica consiste en que el estudiante sea autónomo a la hora de pensar; intento fortalecer su pensamiento crítico. Entonces, propongo buscar información, vincular, compartir, relacionar con otra idea de manera creativa, publicar estas ideas en un blog, armar un video, etc. Finalmente, también recurro a las evaluaciones escritas formales, sobre todo en la instancia de evaluaciones integradoras cuatrimestrales. Al menos, de 1º a 3º. En 4º, al mantener una blogosfera, por lo que pido una entrada que sea lo suficientemente abarcadora de los temas que hemos visto teniendo en cuenta un eje, propuesto por el alumno.
Con respecto a los puntos enmarcados dentro de EPNS (Entusiasmo, Preocupación, Necesidad, Sugerencias), me interesa implementar estrategias de abordaje de contenidos a los fines de detectar debilidades y subrayar fortalezas en los estudiantes. Me preocupa caer en prácticas desusadas y anquilosadas, por lo que constantemente me actualizo (de hecho, aquí estoy…)
Entiendo que es una necesidad encontrar una manera de clarificar, sistematizar, “objetivizar” las observaciones que realizo sobre el trabajo de los estudiantes: noto, por ejemplo, que a veces entre los estudiantes comparan sus resultados y me llaman para que les explique “por qué si X puso lo mismo que yo, tengo menos nota”. Muchas veces me sucede que la mencionada diferencia se debe al distinto nivel de esfuerzo: tal vez tiendo a caer en cierto tipo de “premio” a la hora de evaluar al estudiante que ha puesto más empeño por sobre aquel que tiene un desempeño brillante ordinariamente. Normalmente pongo notas del estilo: “falta profundizar”, “estructura endeble”, “muy buenas reflexiones”, etc. Prometo mejorar…
Para ir finalizando, deseo dejar como reflexión que los alumnos que participan de actividades co-elaborativas (pido prestada esta expresión a Silvia Andreoli, me parece muy clara y sintetizadora de lo que estoy intentando expresar) llevan a cabo un aprendizaje mucho más enriquecedor e inolvidable. Los blogs, los videos, la comunicación vía Twitter, entre otros, contribuyen a hacer desaparecer esa barrera infranqueable entre alumno y profesor que tanto les ha gustado a los descendientes de Amadeo Jacques. Sin cuestionar la ética y el desempeño del genial y controversial rector del Nacional, entiendo que estamos en tiempos muy distintos, y debemos ubicarnos dentro de esta coyuntura. Lamentablemente, como dice en su blog Patricia Liceda,  las actividades de abordaje múltiple y el trabajo colaborativo no son muy populares en las clases regulares presenciales. Es necesario que salgamos del anquilosamiento y entendamos que estos tiempos que estamos viviendo nos ofrecen herramientas muy interesantes. Perdamos el miedo a conocerlas y utilizarlas.